Viejo pirata

Viejo pirata

Desnudo.
De la piel al papel.
Escribo con tinta las cosas
que no me gustan de mí y no lo sabías.
Por el simple hecho
de que yo no he querido.
Coge el paraguas que aquí dentro llueve.

Soy la gota de agua,
cayendo por la ventana
en un día de lluvia
que intentas atrapar.
El aire en la carcajada del último bar.
La mirada desafiante que aprueba
y provoca el decirte ‘vale’
con los nervios del ‘vete’.
Y sé, aunque tú no lo quieras,
que bailas con los brazos en alto,
esperando que alguien
con un poco de ritmo en los labios
te saque de tu mundo.

Dicen las leyendas que,
el mayor enigma es uno mismo.
Que le has ganado la partida al viejo pirata
aun perdiendo el mapa
y las ganas de
ser buscado.
La x estaba dentro de mí.
Tesoro encontrado. No me quiero.
Por perder, he perdido a sabiendas
de que no volveré a ser feliz.
Y ya lo sabes, no me gustan los años en 8.
Mi mejor arma es la sensibilidad,
la tuya
matarme sin si quiera mirar.

Vuela en alta mar.

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Hablando de mí

Hablando de mí

Cada vez que me preguntan dónde vivo,
no sé qué respuesta dar
porque tú,
siempre fuiste y serás,
hogar.
Hablando de dar
la vida debería pedir perdón
por doler tanto.

Hablando de pedir,
exijo que quién vuelva a decirme
que no escriba sobre mi tristeza,
merezca la muerte escrita
y dejaré sus puntos
apartes del de mi final.

No lo repetiré más:
 no me obliguéis a vivir
 que lo voy a hacer peor.

Hablando de hacer
la palabra REALidad,
es una invención
del borracho,
que no ha bebido en años,
de la luna,
que no descansa en noches
del niño,
que quiere crecer.

Qué paradoja,
pasarnos media vida recordando
los errores,
mientras
seguimos arrancando corazones.

Hay días y situaciones,
personas que, en años, no salen a flote
ni con las canciones
de Sofía Ellar y de Andrés Suárez

Sólo quedas tú contra ti mismo,
tu mayor enemigo.
Titubeando,
bailando frente al espejo,
sonriendo como hace ya años.
Tras buscar lo extraordinario
te has dado cuenta de que
sólo querías lo más sencillo.
Dejarte llevar.

Palabras de relojería

Palabras de relojería

Me lo dice el reloj cada vez,
las agujas se mueven,
el corazón late
el pulso se acelera,
y las cuerdas se rompen
sabiendo que,
tú, otra vez tú,
vuelves a ser la salida.

Y no eres la de emergencia,
soy yo
chocándome contra el muro,
sangrando hasta llorar y,
sabiendo que la llave nunca va a entrar.
Ya que no eres otro manojo
que no sea el de nervios.

Es difícil guardar algo que no quieres olvidar,
que ni el tiempo, ni los años
te robarán.
estúpida juventud y
Sin espadas a la espalda,
el poder
de decirte a la cara,
que quien me marca el límite
no eres tú, sino
yo, y,
como rebanes
el filo,
sangrarás.

 

Corazón aprendiz

Corazón aprendiz

Tú,
que solo has visto
la punta del iceberg,
no quieras imaginarte que quedará
de tí,
de nosotros,
ni de mí
cuando arrase(s) el invierno.

Si se trata de adjetivos
Ni yo soy poeta,
ni tu imprescindible,
pero algo me dice que cuando estás,
escribo,
que cuando faltas,
borro más de lo que río
y, así, siendo maestro,
a un corazón
aprendiz
le das sentido.

Guárdate dos carcajadas
nunca creas que hay besos de más.
Ojalá mi madre nunca se vaya,
ni se quede en demasiado poco,
así cada día que pase
siga oyendo su “Jandro”
y mis piernas,
temblando.

Libertad histórica

Libertad histórica

Sigo pensando que la libertad no se puede condicionar y que en el momento, que abras la puerta, pasaré a la historia. Toma asiento y quédate a verme volar, va a ser lo más cerca que vas a volver a estar de mí en años.

Siento miedo, hoy me he levantado llenos de ‘no’. Hay días en los que no me apetece ver a nadie y no, no voy a pedir perdón por sentir. No tengo porque esconder mi tristeza. La comunicación es fundamental y si me quedo callado, no es por darte la razón. ¿Habéis llegado a pensar en lo difícil que es querer tener todo siempre bajo control? Y yo siendo una línea inestable, yo me marco mi propio límite. ¿Recuerdas? Si quiero tu opinión, ya te la hubiese pedido. Muchas veces confundimos el pedir permiso con compartir.

Si nos damos la vuelta, vemos todo el camino recorrido que nos parecerá menos que el que queda por delante y conforme pasa el tiempo te digo en bajito:

“No me sobra la paciencia pero pienso que

tu esencia

puede pasar a ser presencia.”

Al final he aprendido que nunca dejaré de hacerlo. No tengo todas las respuestas a mis preguntas y tampoco las quiero ¿Quién se apunta a un juego fácil de ganar? Te lo digo: los cobardes. Toda mi vida he odiado la dificultad, con las personas, los estudios y con la propia vida. Sin embargo, he acabado al lado de quien menos me lo esperaba, y donde tú ves algo rutinario y aburrido, a mí no me deja dormir por las noches. Te lo cuento porque quiero, no te quedes a leer por pena, ya me ha dado suficientes palos la vida como para que vengas tu a terminar de prender la hoguera.

Hogar es donde tú no

Hogar es donde tú no

Entra en casa, las ventanas están aún bajadas y las llaves, en cualquier rincón menos en su sitio. No bajes al sótano o volverás llorando y queriendo huir de aquí. Ya sabes: “No busques lo que no quieras encontrar”. Los zapatos marcan el camino y las agujas del reloj resuenan a tus pisadas… tic-tac-paso a paso y cuando son en punto, pienso que estás llamando a mi puerta. Estamos a oscuras aunque ambos sabemos que nunca me verás claro del todo.

Aún pienso en cuál era tu color favorito para destrozar las paredes, y hablando de colores, siempre tengo en mente que el año más negro será cuando cumplí mis 10. La sangre va a ti como los problemas lo hacen hasta a mí y además ahora, llaman a mi puerta. La de la suerte arruinada. Te mueves tras las esquinas intentando ojear sin ser visto y a ti, gato enamorado de la luna, te digo: “Te has adentrado en la boca del lobo con la sirena encendida y a todo volumen.

En el felpudo de mi habitación se puede leer: Bien-(ven)-ido. Sin embargo, cuando dije que te quedaras, pensaste que 60 metros cuadrados se te quedaban cortos, que querías vivir a las afueras. Te fuiste tan lejos que el amor no te alcanzó, se te quedaba corto y la vida, a cuestas. Ahora, cuando llegue el invierno, buscarás cobijo en una almohada en la que dormirás recordando en cual te perdías soñando. Si hablamos de lo que yo he perdido, aparecerás tú en primer lugar, tras las noches de no-olvido y las mañanas de café, conversación y colisión.

Puedo comprar todos los diccionarios del mundo que jamás voy a conseguir entenderte. No puedo querer a quién toma una caricia como una propuesta de guerra. Ahí te quedas, jugando a uno, que hay batallas que se ganan desistiendo.

Por último, no te acomodes: la visita ya ha terminado y te falta casa para no volver.

 

Protesto ante ti

Protesto ante ti

Shhhh. ¡Silencio! Empieza la vista. Todos en pie.

Empiezo declarando: “Si nos encontrásemos en un juicio justo y todas las pruebas te acusarán a ti, me seguiría declarando culpable”. El juez se lleva las manos a la cabeza y los abogados terminan besándose.

 Aquí hay cosas, como tú, que escapan del control de la ley. Ya sabes que pienso que no hay derecho al derecho a tener el corazón roto. Lo que rompes, lo arreglas tú solito. El peso de la ley se queda corto al número de veces que te he mirado hoy. Sé que no hay peor condena que la de no querer como uno quiera. Por eso, queriendo al verbo querer, te lo quiero decir.

Continúo diciendo ante tus protestas: “Guárdate todos los numeritos para quedarte con tu inocencia cuando, tú, sabes perfectamente que siempre te llamó el calor”. Me aflojo la corbata, trago saliva y miro el reloj. Ahora es justo cuando aprecio las pequeñas cosas, aquellas que te dice tu madre y siempre pensaste que se te quedarían cortas.

Descanso. Tiempo muerto hasta mañana.

De camino a casa los espejos de los retrovisores me señalan por donde vas y todas las pistas acaban donde tú estás. Acaso… ¿las vas dejando para que te encuentre o para encontrarme? Hoy por hoy, estoy del lado del lobo. Una versión no es nada más que una cara de la moneda y a mí, contigo, me ha salido cruz.